Ataduras a blanco y negro: salvarte del zugwang

Ataduras a blanco y negro: salvarte del zugwang

Por: Daniela Alzate.

En el mundo hay personas apasionadas, excéntricas, optimistas, escépticas, alegres, conflictivas, curiosas, adaptadas. Camaleones que se acoplan a cada circunstancia y contexto. Generalmente esto ha sido bien visto, pues la capacidad de adaptación ha hecho parte de la definición de inteligencia desde hace un buen tiempo. No obstante, cabe la pena cuestionarse hasta qué punto es posible discernir entre aquello que resulta conveniente por facilidad más que por necesidad o convicción.

Los cuadros, las líneas, los dos colores clásicos y las posiciones acostumbradas son un buen campo de estudio que permite hacer analogías e implementar metáforas para vislumbrar, de manera ilustrada, la vida misma: ¿qué puede ser más representativo que una torre, un caballo y hasta un rey, en el tema de la adaptación? Siempre ellos, repetidos, inmutables, aunque participen de muchas variantes y combinaciones.

En este sentido, muchos estarían de acuerdo con la comodidad que traen los días cuando ya se tiene una rutina establecida, una posición asumida, un rol predeterminado. A fin de cuentas ya se sabe qué esperar y, por ende, qué se va a recibir. La sorpresa  y la incertidumbre a veces también son difíciles de manejar. 

Ataduras a blanco y negro: salvarte del zugwang

Cuando se entra en la tan mencionada “zona de confort”, y se opta por quedarse allí, las ligaduras comienzan a tejerse alrededor, consumiendo y dominando cada decisión que se quiera tomar. Los temores disfrazados de un aparente bienestar entran a tomar el timón de los días, de los proyectos, de los sueños. Lo complejo de todo esto es que difícilmente se va a saber qué hay más allá si no se asume un riesgo y, probablemente, no será posible darse cuenta hasta que ya se está metido hasta el cuello. Es, entonces, cuando se hace más dificultoso redireccionar. Herbert Marcuse (1989) plantea algo al respecto:

“El problema al que nos enfrentamos es la necesidad de liberarnos de una sociedad que atiende  en gran medida a las demandas materiales e incluso culturales del hombre-una sociedad que, por usar un eslogan, reparte sus mercancías a un amplio sector de la población-.Y esto implica que nos enfrentamos a la liberación de una sociedad en donde la liberación no tiene el aparente sustento de las masas”.

De esta manera, se comienza a introducir el concepto de “liberación” y, pese a que es un término muy empleado en sociología, acá se pretende extrapolar a un campo más existencial, reconociendo que toda existencia humana está ligada a las estructuras  sociales.  Es entonces cuando se habla de las ataduras, de cualquier índole, que hacen que la torre siempre se mueva de manera lineal y que el alfil solamente pueda desplazarse en diagonales del  color que le corresponde o que el peón siempre es quien deba ir adelante. 

Ataduras a blanco y negro: salvarte del zugwang

En el ajedrez, como en la vida,  se han hecho algunas incursiones que rompen con los paradigmas hegemónicos, tales son los casos del chess boxing, el Fischer Random Chess o el tablero para tres jugadores, y el alcance que han podido tener estas innovaciones sorprendería a más de uno, aunque sigan prefiriendo el juego clásico que, finalmente, es el que continúa teniendo la batuta.

La gran pregunta que hace Zygmunt Bauman es: “la liberación ¿Es una bendición o una maldición? ¿Una maldición disfrazada de bendición o una bendición temida como una maldición?” La liberación en el sentido de la transformación, de atreverse al cambio, de tener la suficiente responsabilidad y conciencia para lidiar con las consecuencias de las propias decisiones y actos, y no los que se esperan  y se aceptan socialmente, porque están predestinados.

Aprender y proceder por legado no es algo tan difícil de hacer, sin desconocer que las personas que están acostumbradas también experimentan sus propios riesgos y sacrificios, pero en algunas ocasiones es, incluso, necesario crear una ruptura entre la teoría y la práctica, abrirse un camino propio y esperar por un devenir diferente.

Las representaciones en el terreno de lo simbólico permiten poner afuera aquello que es difícil ver desde el interior, pues las cadenas no solamente están en  las manos, cubren los ojos y empañan la mente. Así que, entusiastas del ajedrez, se puede permanecer en un jaque perpetuo o tal vez se pueda hacer un acto de coronación y darle la vuelta al juego.

 

 

 

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