Tablas sin lucha en el ajedrez

Jaque al juego mismo

Por: Diego Londoño.

Cuando transmitimos el Nacional Activo y Blitz 2008 por Teleantioquia, canal de televisión local en Colombia, habíamos planeado comentar la partida de la primera mesa del certamen durante las dos últimas rondas. ¡No se imaginan lo complicado que fue explicarles a quienes iban a apoyar la producción que era bien probable que esas partidas ni se jugaran, que fueran simples simulaciones con resultados previamente acordados! Para los ajenos al ajedrez, es inconcebible ese tipo de plano de falta de combatividad; para quienes llevamos años en ese medio, parte del paisaje en casi todo torneo.

Iniciamos transmitiendo la partida de la primera mesa, con un resultado que preveíamos como muy posible: tablas en pocos minutos y apenas saliendo de la Apertura. Debimos tomar el plan B: enfocarnos en la segunda mesa, con el riesgo (bastante alto por cierto) de que allí ocurriera lo mismo y nuestra intención de promocionar el ajedrez terminara en fiasco absoluto. Por fortuna, esa partida sí “se jugó”.

Lógicamente, no estoy en contra de las tablas como consecuencia del accionar de la partida. El ajedrez, a diferencia de otros deportes, lo tiene como una posibilidad y es válida cuando se da bajo los términos de que ambos jugadores agotaron sus chances de victoria. Mi crítica central es dirigida a las tablas sin lucha. ¿Cuántas empresas pudieran estar interesadas en patrocinar un deporte en el que muchos de los juegos, literalmente (y me tomo la licencia del pleonasmo), no se juegan? Probablemente, muy pocas.

Tablas sin lucha en el ajedrez

Peor que un 0-0 en el fútbol (incluso cuando es consecuencia de no concretar opciones de gol y no por un pacto de no agresión preliminar) es una partida de ajedrez en la que es evidente la falta de intención de ganar de ambos jugadores. Muchos se quejan, continuamente, de la falta de apoyo económico, de los pocos recursos disponibles, de la dificultad o imposibilidad de vivir del jugar ajedrez: yo incluyo, dentro de un conjunto de condiciones que desestimula la llegada masiva de patrocinadores, a las tablas sin lucha.

Soy consciente de la polémica y división que generan, y generarán, declaraciones del corte de los argumentos que acá esgrimo. En el juego ciencia de alto rendimiento es una práctica común, aceptada, esencializada y hasta naturalizada: casi ningún jugador puede manifestar estar al margen total de esta clase de arreglos. Las razones expuestas se conocen de memoria: “con ese resultado nos favorecemos los dos” (así un tercero, siempre, salga afectado), “puedo descansar para la otra ronda”, “no lo impide el reglamento”…

Numerosas estrategias para impedir o, como mínimo, desestimular las tablas sin lucha se han empleado. Casi ninguna de ellas (por dejar un pequeño margen) ha sido exitosa. Por ejemplo: dar tres puntos al ganador (como ocurre en el fútbol desde los años 90- antes el triunfo daba dos puntos-) para promover la combatividad, no siempre existente en el juego ciencia en el que entre ganar y empatar únicamente hay medio punto de diferencia; o prohibir las tablas hasta determinado número mínimo de jugadas (lo que, para maestros y grandes maestros con un conocimiento teórico elevado, únicamente representa que el empate previamente acordado se materialice unas jugadas más tarde para cumplir la exigencia reglamentaria).

Muchos de los que promueven, aplauden y/o ejecutan ese tipo de pactos, tablas sin lucha, son entrenadores de niños y adolescentes.  ¿Cuál mensaje implícito se envía a ellos cuando su propio formador no lucha o les exige que jueguen a no ganar? No entraré a profundizar ese dilema, porque no pretendo posar de juez moral, pero sí lo quería citar para dejar abierta la discusión al respecto.

Basta imaginarse similares situaciones en otros deportes para verlas como ridículas (sin querer decir que no se hayan presentado, pero no por ello menos grotescas): dos equipos de fútbol sin intenciones de atacar o que se turnan voluntariamente para anotar gol, uno tras otro, hasta que finalice el partido en igualdad en el tanteador; dos boxeadores que juegan “a no golpearse” durante todo su combate; dos equipos de baloncesto buscando no encestar; dos tenistas intentando no hacer puntos…En casi todos los deportes está incluido el “buscar ganar” como componente principal del juego limpio.

En tiempos en los que se usa la tecnología como medio para la trampa, reflexión casi exclusiva cuando se trata sobre resultados que no corresponden con la realidad entre dos ajedrecistas, amerita retrotraer prácticas por fuera de ese tipo de ayudas ilegítimas, incluso anteriores al uso masivo de la tecnología. La tecnología, y soy enfático en ello, no es la responsable de la trampa en el ajedrez: son las actitudes éticas y hasta morales de los deportistas y entrenadores que acuden a prácticas que concretan resultados arreglados, pactados o simulados. Peor aún, por si faltaran motivos para al menos plantear una mirada crítica al respecto, es que muchas veces detrás de esa decisión hubo dinero o incentivos materiales de por medio.

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Fotos de: http://www.fundacioncivil.org/http://granada.nueva-acropolis.es/www.ajedrezdeataque.com

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